Día 3 del Intercambio Internacional: Paisajes de la memoria

Día 3 del Intercambio Internacional: Paisajes de la memoria

El evento definitorio de la historia guatemalteca moderna es el brutal conflicto armado interno de 36 años que culminó en 1996, desencadenado por un golpe de estado al presidente democráticamente electo de Guatemala, patrocinado por la CIA, porque las reformas agrarias que estaba promoviendo amenazaban los intereses comerciales de las compañías estadounidenses, especialmente la United Fruit Company (dueña de las bananas Chiquita). Más de 200,000 personas murieron mientras el ejército apoyado y entrenado por EE. UU. Llevaba a cabo una política de genocidio contra las comunidades maya.

Aún ante un imperialismo estadounidense tan ubicuo, la solidaridad transfronteriza entre movimientos revolucionarios y de resistencia en Mesoamérica y defensores de la paz y la justicia en EE. UU. ha florecido desde finales de los 1970s. Estudiantes, sindicatos, grupos cristianos progresistas, activistas políticos y académicos crearon redes de solidaridad para presionar a legisladores de EE. UU. Ciertamente, JASS, nuestra colaboradora local en el Intercambio, surgió de profundas conexiones políticas y personales entre activistas de Centro América y los EE. UU. que trabajaron hombro con hombro durante este periodo; JASS se formó para continuar organizando y desarrollando movimientos en ambos lados de la frontera y más allá de la región.

Dentro de este contexto, fue extremadamente aleccionador el ser invitadas por la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (CONAVIGUA) para visitar su memorial para las víctimas de la desaparición forzada y para formar parte de un ritual y una invocación. Llamado “Paisajes de la Memoria”, está ubicado en la parcela de terreno donde se encontraron 53 fosas comunes. Es un monumento hermoso a las miles de personas que fueron desaparecidas y al deseo incansable de sus familias de encontrarlas.

Rigoberta Menchú Tum Pie de foto: Nobel Women’s Initiative.
Rosalina Tuyuc Photo Credit

El ritual fue liderado por dos de las líderes indígenas, activistas de los derechos humanos, más prominentes del país —Rosalina Tuyuc, cofundadora de CONAVIGUA y la ganadora del Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú Tum. Junto con más de 30 mujeres y niños de la comunidad, Rosalina y Rigoberta nos llevaron a un pequeño espacio abierto entre los pinos a pasos del memorial. Formamos un círculo alrededor de un pozo para hacer fuego rodeado de flores y pétalos, mientras decían oraciones y reflexiones en maya cachiquel y en  español.

Fue un proceso profundamente generoso que reforzó las conexiones entre nosotras sin importar de donde venimos, que idiomas hablamos o como el país que llamamos hogar ha afectado violentamente el suyo. Alimentaban el fuego cada vez que invocaban una parte de la tierra, una planta o un espíritu, y entre este nombrar de cosas a las cuales están íntimamente vinculadas, invocaron cada uno de nuestros apellidos (teníamos a más de 45 personas en nuestro grupo), y añadíamos una pequeña vela al fuego luego de cada uno. Fue profundamente conmovedor ser incluidas de esa manera. Varias veces, todas las que formamos parte de esta ceremonia fuimos invitadas a pasar adelante de una en una para añadir alguna cosa al fuego, fueran semillas, una vela o cacao crudo. Las personas indígenas en nuestro cohorte trajeron tabaco que también fue compartido y sumado al fuego.

Rigoberta y Rosalina reflexionaron con frecuencia sobre nuestra necesidad colectiva de restaurar equilibrio al mundo —equilibrio entre las personas y entre las personas y el planeta tierra. En la presencia de ese lugar y el poder de estas dos mujeres líderes, era imposible ignorar las consecuencias devastadoras de estar fuera de balance. Miles de padres, hermanos y niños fueron asesinados o desaparecidos. Miles de mujeres y niñas fueron violadas y torturadas. Miles de personas maya fueron y continúan siendo desplazadas a la fuerza de sus tierras ancestrales para dar paso a proyectos de extracción de recursos a gran escala (con frecuencia represas y minas propiedad de compañías estadounidenses). Y juntas, estas atrocidades han llevado a una ruptura de la cultura, el conocimiento y las prácticas indígenas  que son pasadas a las futuras generaciones.

Está claro que nuestro deber es reparar y sanar esta desconexión no solo dentro de nosotras mismas y nuestras propias comunidades, pero también en solidaridad con otras comunidades. Estamos íntimamente conectadas, nos demos cuenta o no, y nuestras acciones pueden tener un profundo impacto en otras personas. Estaremos reflexionando sobre esta poderosa experiencia en los próximos días mientras decidimos si atendemos a ese llamado y cómo.

Priscilla Hung
Priscilla Hung
Co-Director
Move to End Violence

Priscilla Hung (She, Her, Hers) is the Co-Director of Move to End Violence. She has spent the past 15 years dedicated to social justice movement-building, organizational development, and nonprofit management. Learn More

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